Una pregunta para arrancar: ¿cuál es el problema que se te viene a la cabeza automático cuando pensás en tu estudio contable? ¿Hace cuánto que es el mismo? ¿Dos meses, un año, cinco años? Si los problemas recurrentes en tu estudio contable siguen siendo los mismos mes tras mes, hoy te cuento por qué casi siempre ese diagnóstico que hacemos desde adentro está equivocado. Escuchá el episodio 88 del podcast Ser Profesional Independiente para profundizar.
El diagnóstico desde adentro casi siempre apunta al síntoma
Las contadoras que creen que les faltan clientes en general son las que no tienen una propuesta diferenciada. Las que creen que no tienen tiempo son las que no establecen prioridades. Las que dicen que sus clientes son tacaños en realidad están hablando con las personas equivocadas. No porque no tengan razón en lo que ven — sino porque estamos juzgando con los mismos ojos que crearon el problema. El diagnóstico suena lógico desde adentro. Casi siempre apunta al síntoma.
Cuando estás metida en el día a día, perdés perspectiva del negocio
Un lunes cualquiera: son las 10 de la mañana y ya apagaste cincuenta incendios, presentaste declaraciones juradas y respondiste WhatsApp sin parar. Llegan las 7 de la tarde y te preguntás qué hiciste todo el día. Desde ahí es imposible tener perspectiva del estudio contable. Es como querer leer el mapa mientras manejás en hora pico con tráfico, motos y semáforos: no podés hacer las dos cosas al mismo tiempo. Necesitás o parar a mirar el mapa, o tener un copiloto que lo haga mientras vos manejás.
El cerebro busca evidencia de lo que ya creés
¿Alguna vez te interesó un auto y de repente lo veías en todas partes? No es que el mundo se llenó de ese auto de un día para el otro: es que tu cerebro empezó a buscarlo porque ya lo tenía en el radar. Con los problemas recurrentes en tu estudio contable pasa lo mismo. Si creés que el problema son los clientes, vas a encontrar quince ejemplos de clientes difíciles por día. Si creés que el problema es el país, el noticiero te va a dar argumentos todos los días. No estás inventando los problemas: los estás seleccionando involuntariamente.
El ejemplo del WhatsApp de dos líneas
En una sesión, una contadora me decía que sus clientes siempre le bajaban los presupuestos, que la chicaneaban, que le decían que era muy cara. Cuando le pregunté cómo presentaba su servicio, me contó que mandaba un WhatsApp con algo así: «Para IVA todos los meses, convenio, ingresos brutos, el valor es tanto. El balance y ganancias depende.» ¿Cuál es la diferencia entre ese servicio y el de los cientos de contadoras que hacen exactamente lo mismo? Ninguna visible para el cliente. Y cuando no hay diferencia visible, el cliente elige por precio. No porque sea tacaño: porque nadie le mostró por qué vos valés más.
La pregunta que cambia todo
Si llevás meses con los mismos problemas recurrentes en tu estudio contable, la pregunta no es «¿qué más puedo hacer?» ni «¿cuántos más clientes puedo conseguir?» La pregunta es: ¿qué no estoy viendo? Hacer más de lo mismo mirando siempre de la misma forma te lleva siempre al mismo punto. A veces lo que hace falta no es más esfuerzo: es otra perspectiva.
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