Cómo Gabi dejó de ser la empleada de su propio estudio contable (y cómo puede pasarte a vos)

¿Alguna vez te pusiste a pensar de dónde viene la forma en que trabajás? ¿O simplemente la copiaste de donde aprendiste y nunca la cuestionaste? Eso es exactamente lo que le pasó a Gabi Sobrero, contadora pública con 15 años de profesión y 4 con su propio estudio. En este episodio del podcast Ser Profesional Independiente cuenta cómo descubrió que era la empleada de su propio estudio contable — y cómo lo cambió.

El chip heredado: trabajar como aprendiste, no como elegiste

Gabi pasó 10 años en un estudio contable con dos contadoras para 100 clientes cada una. El modo era supervivencia: correr detrás de los vencimientos, presentar lo que se podía, apagar incendios. Cuando abrió su propio estudio, se trajo ese chip intacto. «Yo claramente no tenía esa cantidad de clientes, pero venía con eso. El todo ya, urgente, se vence. Pará, tendría que estar retranquilada.» La realidad era objetivamente diferente. Pero la cabeza seguía funcionando en modo emergencia. Y eso, dice Gabi, muchas veces lo ponemos nosotras — no el trabajo.

Ser la empleada de tu propio estudio contable

«Antes no tomaba decisiones. Estaba muy sumergida en lo operativo. Me inventaba cosas para hacer de 9 a 5. Yo era la empleada de mi estudio.» Esa frase lo resume todo. Cuando montás un estudio pero seguís pensando como empleada — cumpliendo un horario, sin medir rentabilidad, sin decidir estratégicamente — el título de dueña no cambia nada. Gabi reconoce que durante años no sabía qué clientes eran rentables, cuánto le dejaba cada uno, ni siquiera si algunos estaban por debajo de lo que correspondía cobrar. «No tenía ni idea de la rentabilidad de cada cliente.»

El viernes libre que lo cambió todo

Uno de los primeros indicadores de que algo había cambiado fue un viernes que Gabi se organizó bien y le quedó el día libre. Lo tomó. Se puso a limpiar la casa. «En otro momento nunca. ¿Cómo voy a faltar al trabajo? Como si alguien me fuese a descontar un día. Muero.» Ese momento parece pequeño. Pero representa algo enorme: darse cuenta de que el trabajo no tiene que consumir todo, que podés elegir, que la urgencia que sentís no siempre existe en la realidad.

Cobrar más no es el objetivo: es la consecuencia

Cuando el tiempo se libera, algo cambia con el cliente también. «Cobrar más, pero brindar más valor. Para brindar más valor, tenés que tener el tiempo para ver qué necesita el cliente. No todos son iguales y no podés verlo si estás corriendo atrás de las urgencias.» Automatizó procesos, empezó a sobrarle tiempo, y eso le abrió un mundo nuevo: ¿qué otro servicio podía crear? «Nunca pensé en mi vida decir ‘me sobra tiempo’. Entonces dije: ¿qué hacemos ahora con ese tiempo?» El honorario más alto fue la consecuencia de ese proceso, no el punto de partida.

Los límites que nadie te enseña a poner

Gabi se enojaba cuando un cliente le escribía a las 10 de la noche. Y el cliente ni se enteraba. Hacía tareas que no estaban incluidas en el presupuesto — porque no había presupuesto. «El empezar a poner límites, armar presupuestos, dejar claro qué incluye y qué no, eso que parecen pequeñas cositas mejoran al 1000%. No solo el trabajo: la salud mental.» Esa es la otra cara de revalorizar la profesión. No solo cobrar más — mostrar que se puede ejercer de otra forma.

Podría ser distinto

Lo que marcó el antes y el después para Gabi fue escuchar que la profesión no tiene que ser así. Que el contador que vive a mil, siempre estresado, siempre urgente — es una construcción, no una verdad. «Cuando vos me dijiste ‘podría ser distinto’, dije: ‘Ah, podría ser distinto.’ Y ahí uno se abre a ver qué tan distinto puede ser.» A veces lo único que hace falta para empezar a cambiar algo es que alguien te muestre que existe otra posibilidad.

Si esto te resonó, escuchá el episodio completo en Ser Profesional Independiente o seguime en Instagram @ABCEmprendedor.

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